En el presente,
la inmanente tragedia
de la realidad
parece una cualidad
insulsa ante lo universal.
Existe un cuerpo
que busca su equilibrio
más allá del control,
igual que una verdad
debajo del ruido.
Existe una vida
que aun continúa,
sin que nos apasionemos
en agarrarnos a ella.
En el vértigo del instante
descubrimos que no somos nada
y es en esa verdad vertiginosa
donde aparece una ecuánime plenitud,
no por lo existente,
sino por la ausencia de necesidad
de agarrarse a cualquier cosa
y confiar.
12-1-26 (tras meditación en grupo de Bormujos. Sin corregir)