En el pensamiento acontecen tribulaciones pasajeras. Momentos de desarraigo donde una emocion te dirige a otro lugar, como un vector que te inocula fuerza hacia un lugar distinto.
En ese lugar aparecen resentimientos, enfados repentinos, apetencias indebidas o proyecciones catastroficas. Permanecer en ti no es negar y luchar contra las declaraciones de tu mente o procurar poner un feroz contrafuego contra tus emociones.
Permanecer es convivir con un entorno de calma y serenidad de fondo. Una raiz. Al igual que un capital marino confia en su dirección pese a los obstáculos visuales que genere una tempestad pasajera.
Recordar el camino sin mirarlo. Permanecer en tu verdad aunque dejes de ver su destello temporalmente. Consentir la fuga y consentir el regreso.
Esa permanencia te permite testificarte a ti mismo, reflexionar y ponderar sobre los antojos de la mente y el corazon. Y te facilita construir unos valores solidos. Es decir, ir mas alla del acalorado y superficial oleaje de la superficie para sumergirte en la profundidad silenciosa y carente de prisa.
Desde ese lugar profundo es desde donde se regresa despues al apice de la superficie, y se regresa cargado de sencillez y ataviado de instrumentos para saber luchar externamente sin el boicot de tu propia lucha interna.
13-9-25