miércoles, 25 de junio de 2014

Ramas aisladas

Hace años, muchos años,
tú me diste unas extrañas lecciones
-me dijiste lo que era imposible lograr,
lo que no merecía-
y yo consolidé el engranaje
de cómo funciona la vida;
había normas que nunca debían cambiar.

Lo mio era un amor limitante, deformante,
privado e indecible.
Tú reflejabas
el extremo del desengaño y
te convertiste en mi secreto cuenco
para vomitar errores,
en flagelados cultos,
en una penitencia
sin conocimiento de causa.

Lo mio era un amor porque buscaba protección,
por eso me aislé junto a una rama aislada
más allá de batallas y cobijos sociales,
y durante mucho tiempo
sobreviví con estrellas malpegadas al techo,
con neveras sobrecongeladas
y con gargantas que latían podredumbre

Ese era mi cobijo lunar,
mi caseta de árbol,
y tú,
un muñeco de trapo
que tutorizaba al niño perdido.

Desde esa rama, todos los sonidos de adultos
sonaban fieros, a la vez que ajenos;
extraños motivos,
ambiciones locales,
llantos sin razón para alguien
que no se atrevió a convivir con lo mediocre,
para alguien que consintió sus propios dioses residenciales.

Pasó el tiempo y las células seguían desarrollándose,
Y yo seguía ahí, en mi abigarrado entramado
de venas histéricas que chocaban con los muros.
Entre todas ellas, fabricaron un campo sofisticado
de excusas, neurosis y sangre especulada.

Pero, en un momento casi milagroso
-de esos que eclosionan de golpe
y señalan al pasado
con la sensación innatural
de una historia tantos años curtida-
un ojo se entreabrió,
y con solo medio pestañeo
numerosos haces de luz vampiresca
atravesaron mi fábrica,
contrajeron las venas y lloré de terror.

Pero entonces te vi,
y fue glorioso a la vez que absurdo,
darme cuenta de
             que tú necesitabas
absolutamente lo mismo que yo,
aunque lo buscabas en otros lugares
-desde tu propia rama aislada-
             y que yo nunca me atreví a intentar pulir
mis resistencias con caricias,
a buscar la sabia sencillez
de callar el pensamiento.

Con los años, varias veces me acordé de ti
cuando lloré convulsionado
por explosiones de sangre

mientras no dejaba de aprender.

25-6-14

lunes, 9 de junio de 2014

COBIJO LUNAR

De una luna rajada
se desprendió un testigo,
como una gota frutal.
Respiraba por la nariz
un oxígeno desconocido
y lloraba leche desnutrida.
Él no recordaba nunca antes
haber sangrado, ni contemplado
tanta inmensidad.
Nunca jamás había sentido
el vértigo de interrumpir
su relato cerrado.

En el gran espacio,
la luna estaba cada vez más rota
y de sus grietas emanó polvo de yema
que cubrió al testigo por entero.
Él se sentía libre
y descubrió que no era él lo que sangraba,
sino la placenta, que con fuerza,
desgarraba con sus uñas.

Llegaba un nuevo ciclo,
un renovado régimen de luz blanda
y pozos de crema por descubrir.
Un nuevo ciclo, también de oscuridades pasajeras,
de ingenuas huidas,
de resistencia a cimentar un cobijo,
de clavos ardiendo del recuerdo.

Pero esta vez amaba
y se había atrevido a decirlo

9-6-14


martes, 3 de junio de 2014

UNIDAD INTERDEPENDIENTE

Complaciente son de unos oídos sordos,
la paulatina caída de los grandes modelos.
Complaciente son,
e
l de no buscar, el de atribuir
toda emergencia mental
a un asilo de huesos.
Complácete en el no hacer.
No temas las oscuras voces sin eco,
no creas que dejarse llevar es atraparse,
es renunciar a los costados.

Es difícil una felicidad plena,
sin contemplación, sin el pero cabalgando silencioso
por las llanuras de la calma,
donde el corazón lo tonifica todo,
con su mirada testificante,
con el negror discreto de un niño muerto,

Un niño más
en una barbarie estertorosa,
de decapitaciones clandestinas,
de musgo que crece donde no muere la humedad.

Sé que es difícil destensar la frente,
vivir sin narración, sin anuarios,
sin condenar la versión oficial,
sin condescender, sin dejarse llevar con la sospecha
cancerígena de que hay algo mísero que te estás perdiendo.

Por eso créetelo;
Disfruta del ahora,
permítete testificar el desarrollo
de las competencias humanas,
deja que la vagueza mate todo
empeño que te quede.
Vomita sueños, expulsa imágenes psicodélicas,
alcanza la cima de lo inverosímil
y olvida las normas que operan
para andar a tientas hasta la cocina
y sumirte en el protocolo
de preparar un café.

Te estoy señalando con mi dedo fulgurante,
Es lo único de mí que ves,
mi rostro está ensombrecido,
pero
sabes que es horroroso─.
Los rayos saltan en mi uña
como volutas
o gusanos virtuales.
Ya no recuerdo qué es lo que señalo,
pero seguro era algo importante.
Tanto como los millones de otros dedos
que en tu periferia señalan una diferente realidad
con el afán de un paparachi.
La locomotora pasa veloz,
sus tablas de madera tiemblan
como castañuelas.
¿Te preguntas si tiene un objetivo?
Pues no,
No lo tiene, yo tampoco y tú tampoco.
A decir verdad,
l
a locomotora nunca existió,
su humo no llegó a emanar,
pero lo sentiste en el estómago,
y eso es tremendamente gracioso.
Me refiero a que puedas estar aquí
consintiendo ese realidad consensuada
y no salir corriendo de locura.

Cuidado con decir que todo es una mentira,
Puedes elegir no tomártelo enserio,
pero quizás también sospeches de estar
desconectado de ti,
de no permitirte ser en lo mundano, lo sencillo.
No puedes recolorear así,
¿Convertir el humo en arcoiris?.
Disfruta, déjate llevar,
nada importa.
¿Es lo que te aconsejé?
¿Es lo que necesitas?
No me puedes tomar enserio ¿verdad?
¿Y el halo de misterio que me envolvía?,
¿Y el esfuerzo por dotar de significancia a las imágenes?
Lo nuestro es quizás una rebeldía mutua.
La discordia está servida si nuestros esfuerzos
no tienden a aunarse,
y también si tú haces tan complicado vivir.
No quiero darte palabras pomposas
no quiero que aprendas nuevas palabras,
que mercantilices tus competencias,
no quiero instruirte para crear una audiencia objeto.
Tampoco diré que no existe, pero sí te diré,
que tú no puedes complacerlos.
Mírate, me obligaste a ser oscuro
porque te disfrazabas de princesa incesantemente,
ni siquiera sabías lo que significaba
la palabra sodomía.
Pero empezaste a crecer.
No te has dado cuenta, pero nuestras rodillas
son las mismas desde hace tres líneas.
Y sé que ahora quieres bromear,
no te gusta que te atrapen, por eso ahora
soy un muñeco de trapo, me doy golpes de un lado a otro,
pero solo soy eso, un muñeco de trapo.
No sabemos dónde depositar el lenguaje,
no lo dudes (y si tienes que dejar tu carisma con algunos, hazlo),
el lenguaje depende del pensamiento.
Y no tenemos necesidad de pensar de un modo diferente,
y tampoco tenemos capacidad de simplificarlo.
Pero es cierto que de alguna manera somos uno,
aunque eso a veces duele.
Si uno de los dos fuera un catalizador de la conducta,
y el otro el motivador,
ganaríamos eso de la pragmática,
andaríamos con botas que doblegan nuestra talla,
seríamos chocantes y maleantes.
Estaríamos complacidos con el sol,
nos tonificaríamos, y aunque no dejáramos de
considerarlo una vulgar tontería,
aceptaríamos las reglas sin problemas, nos reiríamos,
viviríamos.
Pero hay una coordenada más,
y más cuevas dentro de las cuevas.
Puede que todo pase porque tememos a los fantasmas
o porque vivimos con los vivos
a través de un plasma ocular mortífero.
Anticipamos el fin.
Y no podemos llorar por el simple hecho
de que seamos nosotros
¡Hay tantos! Míralos, huélelos.
Podemos darnos cuenta de cosas,
pero parece tremendamente complicado
meter la mano en ese cableado viscoso,
nido de orugas, y reconfigurarlo todo.
Es como una condición que se dio al nacer,
el ver sin tiempo.
Podemos darnos cuenta de cosas,
y con ello podemos mejorar nuestra imagen o el discurso.
Mueves la cola como un perro,
ahora ya no eres una princesa.
Yo soy la reina del bastón dorado
y tú mi perrito faldero.
No te lo tomes a mal, no buscaba despreciarte.
Es solo que me da la sensación de que
estábamos a punto de hablar de algo importante.
Pero me hiciste sentir ocioso.
Nos esforzamos mucho por no mostrarnos codiciosos
y lo sabes.
Pero no me gusta que seas un perro.
Te victimizas y parece que lo hago yo todo,
que soy el malo.
Y quieres que el mundo te socorra,
solicitar auxilio, y la piedad sea contigo.
Ahora resulta que no hay interdependencia de elementos,
y que tú, ser sumiso y víctima de mi tiranía,
no tienes nada que ver con mi posición,
tú no la refuerzas, ni tan siquiera la facilitas.
Estoy cansado yo también,
porque nunca me escuchas,
y mi locuacidad no sirve de nada

¿Dónde estás? ¿Cuál es tu posición?
¿Te has escondido?
Con tanto lamento me quedé aquí con mi elegía.
¿Y tú pretendes hacer que no tienes nada
que ver con todo esto?
Pobre princesita, tú ya lloras bastante
como para tragar también mis lágrimas de cocodrilo.
No valoras mi condescendencia,
intento llegar a un punto conciliador,
y ahora te apartas.
Me gustaría, sencillamente, saber qué quieres.
Saber por qué nunca podemos descansar plácidos,
disfrutar del sol,
dejar de masticar y no sufrir de hambre.



3-6-14

jueves, 15 de mayo de 2014

¿Es ella o soy yo?

Caer en ese perfil odioso que ella me transmite. "La maltrato", "tengo mala leche", y la posición a la que me induce, rebatiendo todo lo que digo. Su tendencia incondicional a la rebeldía, su naturaleza renegada, su distancia.

Al final siempre acabo odiado a las mujeres que acaban cerca de mi. ¿Y esto de pensar en lo correcto?
A saber las razones por las que esta programación fija para excluirla se disparó.
Pero lo cierto es que cuanto más la tengo en mi vida más me irrita. Y lo triste, destructivo, y lo que me permite sentir que no tendré nunca control, es que no se POR QUÉ.
Pero pensándolo, por encima todo, puedo entender lo nuestro como tan idílico como al principio.

Supongo que tendré que bajar la mente y subir la emoción.

Dejarme de casos omisos y aceptar que hay cosas que sencillamente no funcionan.
Que lo entiendas o no, es quiza cuestión de resistencia inicial
(justo antes de tirarte en parapente dudas de la seguridad de los arneses).

Pues nada, lanzarse y que sea lo que dios quiera. además, pero qué cosas digo, si ya tengo experiencia.
Me resisto a abandonar porque, aún habiendo luz dentro, me falta esa vida en ámbar donde arder,
ese confiar por cosas que hay debajo del iceberg.

Lo que va en contra de la experiencia es la experiencia misma, que reduce esta relación a un modelo realista. Pero pensando (un poco de terreno pantanoso). ¿Estoy aquí porque quiero?
(un círculo vicioso antes de cenar) Tengo que enfrentarme a mis "esto es así porque yo lo digo"
"porque me pones celoso". Y esas afrentas de mi mismo
¿Son consecuencia de una confianza malelaborada? ¿Consecuencia de un afecto pocas veces elevado?
¿Puedo elegir? ¿O debajo de la piel siempre respiran los mismos animales nocturnos?
¿Es ella solo una celda que hace más o menos confortable mi intento de subsistir?
¿Es eso amar? ¿Es eso no saber amar?

Como no van a haber psicólogos con esta desimplementación de modelos,
como no va a haber normalización, equipos de fútbol, líderes de masas,
endiosamientos y vírgenes emergidas, lectores de destinos y astringidores de cogniciones.
Como no va a haber posiciones si el que lo escucha todo se siente como una barca atrapada en la corriente.

Yo sé, y no sé. Siento y no siento. Mi toma de decisiones está a merced
de un histograma que cambia según que enfoque. Una mosquitera renueva
su pegamento mecánicamente. Las moscas estampan sus cuerpos, caen, y dejan
paso a otro panorama.
¿Ciclo lunar? ¿Menstruación? ¿Interdependencia multinivel?

El problema es entender la vida misma hecha de contradicciones
y tener que acoplarte a una realidad
que reclama modelos para vincularte.

Libertad es asumir la complejidad de un todo creciente,
explorar y dormir con lo estrambótico, extender las malformaciones,
evitar los cuellos de botella, y quizás, estar solo.

¿Es ella o soy yo?
Que tremendamente gracioso es seguir hablando de este asunto,
habiendo cambiado el tema por completo
aunque sintiendo el eco imanente de una aflicción lejana
en cada palabra.
¿La escuchas?
Créeme, no es una ironía sana.

Esto no es subir la emoción y bajar la mente.

Esto es hacer el esfuerzo supremo de levantar mi decadencia herida,
arrastrarla hasta arriba,
y pulsar la luna con el pulgar para que baje la marea.
Y ahora, una sonrisa con patas de gallo y también con ojeras.
Un llanto
¿De veras no lo ves?

Es un llanto claro y melancólico,
porque mientras me elevo me duelen los ojos
y a mis enfermos recién caídos los amortajan,
a algunos les levantan estatuas.

Los ojos me duelen un poco menos,
se adaptan a la luz,
Pasan las siguientes fortalezas,
tiempo de proteger a nuevos niños.

Doloroso es ver la extensión del terreno
despues de casi ahogarse.
Esa sensación de casi tener un accidente, no morir de milagro.
Pero una parte de tí murió, un miembro fantasma al revés,
las espectativas de morir te mataron, y eso reverbera mucho tiempo.

Muero, porque ahora que veo esta inmensidad lograda,
me llega la sospecha kafkiana
de si me dejé alguna parte allá abajo.

Quizás, ya ha dejado de gustarme.

15-5-14

miércoles, 14 de mayo de 2014

DISOLVERME EN SU MIRADA

Necesito penetrar en los demás,
mirar y querer incubarme en más espíritus.
Siempre tan introspectivo.
No salí aún de mi madre,
estaba ensimismado.

Cuando la miré,
todo se detuvo.
La tontería se diluyó;
tontería por todo
lo que nos rodeaba,
hasta lo más inmediato y cercano.
Su pelo dejó de ser bello y liso,
comenzó a ser un molde de sus tristes ojos.
Sus ojos abiertos y azules,
tenían más en sí que color y recepción.

Su rostro era la cima de su escondida integridad,
de alguien configurado y hecho
a una coyuntura ridícula.

Sus ojos se aprisionaron en mi
y los mios en los suyos.
Anhelaron juntarse y ser uno.

Lo único que sentí era que ambos queríamos lo mismo,
y que las palabras, por el sobreuso,
habían caido en una completa irrelevancia.

Del espejismo, continué por el pasillo.
La sal se humedecía en las paredes
que absorbieron mi impasibilidad.
Las llagas, habituadas a su moderado ardor,
habían conseguido saltar de su piel
y volar por la espesura de la sangre del aire.
Al andar, yo formaba minúsculas olas rojas
que irradiaban la pasión
que se escapó por la insoportada noción
de la nada.
Todo se conducía
para que yo 
me disolviera en esa mirada.


(Diciembre 2013)

lunes, 28 de abril de 2014

Pensar el amor

Esta noche, de nuevo, soñé que te perseguía.
Y de nuevo, soñe que no te alcanzaba.

Me desperté con resaca,
la desconocida dormía a mi lado
y ocupaba casi todo el colchón.
Busqué la libreta, una página al azar,
y un bolígrafo sin gastar del escritorio.

Lo que no quería era escribir
un poema romántico.
No es que no aprecie el amor,
o pensar el amor,
es que así ya no se lleva.

Hoy día se lleva lo de renunciar.
Cada generación renuncia a la anterior
y los estratos pierden el sustrato común
de la memoria.
Hoy la cultura es global,
también líquida.
Y si no se abstraen los vínculos
entonces se conservan por skype o whatssap.

Renuncio a este amor,
impropio de este tiempo,
donde imaginar sale tan poco rentable.

No quería que el poema fuera romántico,
aunque hay algo de nostalgia en todo esto.

Todavía me peleo con mis recuerdos.
Quizá deba pensar mi amor
y entonces sus huellas
se vayan con barro de lluvia.
Eso, o aceptar
que ella nunca me quiso.

28-4-14

viernes, 25 de abril de 2014

Vivencia y suceso

La vivencia es atemporal,
aunque en ella se construye la fe en el tiempo.
y todo suceso pasa
en el infinito de un momento.

En la vivencia,
se pueden desmoronar
las autocontenciones de la vida;
y lo atemporal hacerse desespero;
como un eterno llanto de bebé
que se arrastra hasta dos segundos
antes de morir.

Solo dos segundos,
donde el suceso acaba con la vivencia
¡Un atropello!
¡El click de la puerta de una celda!;
cuando la respiración se va.
Justo ahí,
y las causas se desilachan,
mientras el cerebro se desactiva
y la red se hace más y más pequeña.

En ese instante,
el sueño más olvidado se explicita,
se cierra el telón de la vida
y la identidad,
se descubren los bastidores a la audiencia.
Ahí, justo ahí,
tras ese espectáculo dejado atrás,
donde nos creímos
las coordenadas del tiempo
y su presión;
vivencia y suceso se juntan
cuando todo se apaga.

25-4-14

sábado, 19 de abril de 2014

EL PASADO EMANA

El pasado emana,

se desliza por la realidad
como un sueño rebelde en el día.

Ese pasado, ahora sintomatizado,
da martillazos de pico en mi sangre
electrocuta mi médula espinal
y cuestiona la sinergia de mis ojos;
simplemente me tambalea
como una cruenta guerra silenciosa.

Quien habla de pasado marchito,
quizá no entiende la máxima sistémica
de que lo muerto convive con lo vivo
si hay un único corazón en el epicentro.

La cosa es,
que el pasado emana,
engarza otras voces "superiores"
con sus manos  petroleras,
desmiente la mentira constante.
Y durante unos segundos;
yo, que tanto me valido,
dejo de respirar.

Pero ese pasado,
que es latente,
proyecta sus sombras de miel
sobre mi curtido campo
desde su discreta fábrica
escondido en el cobertizo
¡cuánta humedad ahí abajo!.
Aunque cuando el cielo no descampa,
y me agobia el negror,
no hay nada que conozca mejor
que mi propia viscosidad,
es como el parto de un insecto,
y eso arropa mucho;
sobretodo por el tiempo,
se me pasa tirado en el sofá.

Mi pasado
quiere superar mi imagen,
construir una versión “2.3.4.5.2beta” de mi yo.
Solo quiere negociar conmigo,
ya sabes, sentirse aprobado, como yo de pequeño
(es que ahora soy hipster y requiero mucho consumo).

Pero si la vida es un juego,
y más allá de fútiles combates,
todo es un todo;
quizá no valga tanto drama
constreñirme por llantos, o buscar arropo desesperado,
ni tan siquiera aplomarme,
o arrancarme los órganos periféricos
(hay una oreja que me sobra), o anhelar
la capa de superhéroe con la que algún día
creí que podía lanzarme por la ventana.

Tras unos segundos de temblor,
al final,
lo mejor es la gracia que se queda.


19-4-14

jueves, 10 de abril de 2014

Sin ti estoy ciega

En este caso el recorrido era inusual, aunque lo sabía, sobretodo por las curvas y frenazos del autobús; la diferencia con otros viajes era especialmente notable. ¿Me dice dónde está el centro comercial?. El encuentro tendría lugar dentro de cuarenta minutos. Según me contaron, suele haber un protocolo de presentación y están acostumbrados a nuevas afiliaciones. Sí claro, le faltan aún tres paradas. Ana cogió mi mano y dibujó con el dedo índice en mi palma. El sol achicharraba y la continua ida y venida de edificios ocasionaba una alternancia de calor y frescura en mis brazos.
Entonces me susurró esa frase, nuestra frase, al oído. Yo sonreí.
Apreté el bastón desmontado con mi mano derecha. El autobús parecía atestado, aunque esto era difícil de discernir dado el silencio al que los viajeros generalmente se someten. Nunca antes había estado en esta zona de la ciudad. Siempre que salía solo, acababa haciendo el mismo recorrido, aunque ella casi siempre me acompañaba allá donde iba.
Alguien había solicitado nuestra parada y ella me apremió para que me levantara y me dispusiera a salir del autobús. Me contuve de pie hasta que las puertas se abrieron, tras lo cual ella cogió mi mano y la posó en su hombro. Guiaba mis pasos, aunque no me avisó del escalón del autobús puesto que era el mismo en todas las paradas.
Y es cierto que irradiaba, mucho más que cuando subimos, y si no es una cuestión temporal, mucho más que en el centro. Por una extraña razón en las zonas más extraradiales siempre he tenido la sensación de que hace más calor; quizá sea la desolación industrial.
Puesto que nos sobra tiempo podríamos tomar antes un café, ¿qué te parece?
Moví la cabeza de un lado a otro. Juan tuvo un perro lazarillo y siempre decía que podía imaginar su cara cuando sacaba la cabeza por la ventanilla del coche. El sol irradiaba pero hacía una brisa que pocas veces he experimentado.

¿Cuál es tu nombre?
Ajetreaba sus papeles y cliqueaba eventualmente el ratón.
Jaime
Siguió moviendo los papeles. El aire acondicionado hizo estornudar a Ana, que amortiguó el sonido con su mano, tras lo cual me cogió la mano derecha que asomaba debajo de mis brazos cruzados.
Muy bien Jaime ¿y cómo estás?
No sostuve la mano de Ana y descrucé mis brazos. Mi bastón estaba desmontado; yo apoyado en él y él en el suelo.
No respondí, y se oyeron unas repentinas risas de una sala recóndita del edificio.
Si lo deseas, Jaime, tenemos una máquina de refrescos en la entrada, codificada en braille.
Hace años Ana me reprochó que yo no quisiera tener un perro lazarillo.
Perdona si... ─Ana dejó la frase a medio, tras lo cual no se oyó nada durante unos segundos. Y cuando digo nada es porque es nada. Ana acarició mi brazo con varios de sus dedos.
No me habían hablado del color de las paredes, pero intuía que era blanco, y que los ventanales eran lo suficientemente grandes para tener una buena excusa para poner el aire acondicionado a toda marcha.
Pues necesitaría usted rellenar previamente este protocolo
De nuevo, el sonido de papeles.
Muy bien ─dijo Ana. Escuché el sonido de pieles moverse, el cuero del bolso rozando con su camiseta.
No hace falta, aquí tiene un bolígrafo.
Muy bien ─repitió Ana
Son solo cuatro preguntas para clasificar su perfil, si lo prefiere las leo en voz alta, lo termino rápidamente y así accede al encuentro, que ya ha empezado.
No sabíamos lo de la encuesta ─dijo Ana. Acercó su hombro a mis brazo.
De acuerdo ─cliqueó varias veces con el ratón del ordenador─ sean breves, es puramente clasificatorio. ¿Seguro que no quiere un refresco?─. Me preguntó con una ligera inflexión en la voz.
No quiero un refresco ─La otra noche cenamos pollo asado. Ana había sacado la cubierta fina y yo no estaba a costumbrado a meter tenedores tan largos en mi boca...─. Venimos de tomarnos un café.
Eso está muy bien. ¿Cómo conocieron de la existencia de estos encuentros?
fue un amigo ─indiqué.
¿Un amigo? ¿él también acude a los encuentros?.
¿Él? ─...la idea era la de invitarlos a todos, seguramente la de sacar el tema y, entre todos, convencerme de la inconveniente actitud de negación y rechazo que suelo ostentar─. Él no está ciego, es abogado.
Muy bien ─tecleó en el ordenador─. ¿Desde cuando adolece de la discapacidad?¿cuál es el motivo de la misma?
Respiré hondo, un ronquido involuntario salió de mi garganta.
Desde hace nueve meses ─dijo Ana, se inclinó hacia adelante y bajó la voz─. Fue un accidente laboral.
Un grupo de gente comenzó a reír desde una sala, seguramente la misma de antes. Pero esta vez parecían risas de un carácter un tanto antinatural. Prolongaron la reiteración cíclica de carcajadas durante casi medio minuto.
¿Alguna prescripción médica?
¿Por qué se ríen? ─pregunté. No oía a Ana, estaba a mi lado y ni siquiera podía oler su peculiar y natural olor a melocotón─. ¿Qué les hace gracia?
Es un ejercicio de apertura.
¿Un ejercicio de apertura?¿qué carajo es eso?
Jaime.. ─Ana volvió a acariciarme el brazo con su mano. El bastón me permitía seguir teniendo contacto con el suelo. Me lo regaló Ana. También me iba a regalar el perro lazarillo, y fue ella la que también propuso que viniera a estos encuentros y la que se ofreció a costearlos.
Pues, está relacionado con la confianza, pero... ─las ruedas de su silla se movieron─. Será mejor que se lo preguntes a José una vez que pases. Yo solo soy la secretaria.
¿Tienes perro? ─le pregunté
¿Cómo? ─contestó
Ana me volteó y cogió mi mano derecha, con la que sostenía el bastón. Se puso de puntillas y susurró nuestra frase al oído.
¿Tienes un perro o no? ─fingí que Ana no estaba...
Sí, tengo perro
¿Necesitas que tu perro te complete?
Jaime, por favor ─...aunque ella seguía sosteniendo mi mano.
¿Te parece gracioso?¿les parece eso gracioso?le pregunté.
No es gracioso señor, no es gracioso Jaime, en absoluto.
Guardé silencio. Elevé el bastón, su mano se soltó, y lo plegué.
Has tenido que mirar mi nombre en la ficha ─le dije─. Puedes permitirte fingir que no lo has olvidado.

No me había dado tiempo de aprender el recorrido, y menos aún de memorizar las curvas y frenazos en sentido inverso. Ana, que estaba a mi lado, no había dicho nada durante la vuelta y tampoco me había tocado. Pero yo sentía su olor a melocotón.
¿Qué quieres hacer ahora? ─le pregunte, aunque ella no contestó e imaginé que estaba mirando por la ventana─. Lo que yo quiero ─apreté el bastón cerrando el mango con todos mis nudillos─. Lo que yo quiero es levantarme por las mañanas y que no me quede café. Quiero que me duela la cabeza por el calor, tener la oportunidad de levantarme con el pie izquierdo, ¿sabes?. Me gustaría tener miedo de que me despidieran y no tener que hacer frente a este estúpido litigio judicial. Me gustaría esforzarme lo justo para saber de dónde venimos ─comencé a hablar más lentamente─. No tener que estar tan atento si en algún momento quisiera volver─noté que se acercó a mí, noté su aliento cerca de mi cuello─. No me gustaría que tuvieras que acompañarme cada vez que viniera ─carraspeé y se atrancaron mis palabras─. Pero tampoco me gustaría venir solo.
Yo tenía la respiración honda. Sentí su aliento; sus labios casi rozaban mi oreja.
Y entonces dijo esa frase, nuestra frase.

10-4-14

martes, 8 de abril de 2014

Las aventuras de los seguidores del Rayo Vayecano - ejercicio

Finalmente el Real Murcia consiguió ganar el partido contra el Real Cartagena y en la puerta del estadio se congregaron la totalidad de sus seguidores más afanados, entre los que nos encontrábamos camuflados. Dicha circunstancia, en la que nosotros cuatro, como seguidores ecuánimes del Rayo Vallecano, debíamos impedir toda manifestación de nuestra pasión, resultó, una vez que se vió prolongada durante un largo tiempo, complicada, dada la tendencia por nuestra parte de condescender con ese incomedido sentimiento de ultraje, potenciado éste por un continuo impelimento de nuestra identidad grupal; la incondicional aversión a todo proselitismo, ya sea al Real Murcia o cualquier otro partido o congregación que no derivaran directamente del Rayo Vallecano; y los continuos pisotones con esparto de los seguidores del Real Murcia. Pero no todo resultó, al final, necesariamente negativo. Dicha regulación encubierta de nuestra empresa nos permitió percatarnos sucesivamente de ciertas peculiaridades endogrupales de las que no habíamos caído en cuenta, dada la ajetreada tendencia del tiempo moderno a acelerar la actividad civil, y las pocas oportunidades, que por ello, habíamos tenido de poder disfrutar del sosiego de un espacio de privacidad. Sin embargo, la multitud coreaba clamorosamente los cánticos generacionales de la victoria y los individuos retozaban los unos con los otros como perros, o gorilas, en una fase prefecunda. Y fue ahí cuando nos percatamos de que un hombre que ostentaba una pieza de plástico con forma de pene, pero que lejos de la propia representación figurativa pretendía usar con una mera función megafónica, comenzó a dirigir célebres frases al colectivo, para algunos advenidas al caso como aforismos comodines que nunca fallan; “viva el Real Murcia”, “viva la madre que nos parió”, “ole, ole y ole”. Tras lo cual la masa vitoreaba tras cada una de las frases emitidas . Pero para nuestro bienestar grupal, dicha circunstancia y elevación de la intensidad de la ceremonia, solamente consiguió ponernos más nerviosos, además de procurarnos una indigestión cognitiva, que en el caso de Leopoldo le llevó a un estado catatónico del cual salió una vez los basureros, a las tres horas, ya habían recogido la mitad de los residuos ceremoniales, y el resto de nosotros había salido del ratio carismático que caracteriza a Murcia. No sin antes, por supuesto, haber empaquetado unos cuantos pasteles murcianos para nuestros antecesores familiares. Pero en aquel momento de jolgorio sin parangón, cierto es que nos sentimos completamente bloqueados, tal como declaramos en aquel informe que a los cuatro días suscribimos decretando que no volveríamos a hablar del asunto. Consienta usted esta disensión, dados los márgenes extravivenciales en los cuales el contrato de nuestra relación está enmarcada. El caso es que nos sentíamos bloqueados, no sabíamos cómo comenzar, cómo elaborar nuestra misión, habíamos perdido todo propósito pese a la esclarecedora sencillez de la operación y las precisas directrices que el heladero del callejón consiguió transmitirnos. En aquel momento, dichos propósitos de nuestra empresa se desplazaron a un lugar desconocido hasta entonces por nuestra conciencia, experimentamos el hosco emplazamiento de la agnosia, incluso un sentimiento acuciante de muerte. Mientras que, insisto en este punto, estábamos completamente rodeados por Murcianos absortos que coreando el himno de su victoria, y que tenía un efecto agonizante y estertoroso en todos nosotros, más acuciante aún dada la necesidad de ocultación. Y aunque habíamos olvidado el motivo por el que habíamos partido, le digo yo, que todos entendíamos en ese momento la fútil insignificancia de un espermatozoide y la sobrecarga que puede llegar a experimentar cuando se encuentra en la tesitura de tener que ir para el lado izquierdo o el derecho. Sí, me refiero a las depuestas trompas de falopio y no a los testículos; puesto que si el espermatozoide se viera en la tesitura de elegir cual será la cuna depositoria de su efímera existencia, sería esto una cuestión de tal calado existencial, que pese a su relevancia, acabaría por ser tan gastada como; “¿si dios lo hizo todo, quién hizo a dios?”, o el caso de esta otra, más sutil y por ello más perniciosa; ”señor, ¿es normal que tienda a descalificar a la mantis religiosa por su escabrosa forma de vida?, ¿no es acaso esto el atisbo de un mensaje divino, o el canal que nuestro señor usa, para decirnos que el sexo está mal, tal como chuparse el dedo de pequeño por el verificado desvío de molares que ocasiona?”.
Estábamos nosotros alcanzando una perfecta entelequia de nuestra crisis, cuando Leopoldo, sin salir de su estado catatónico dijo;
No soy capaz de entender por qué estamos aquí, me siento perdido, y también desconsolado.
Dicha concienciación, pese a la evidente espasmosidad sostenida de Leopoldo, me permitió reaccionar súbitamente y desligarme de esta especie de estupor en el que como grupo nos estábamos sumiendo. El resto de los componentes del grupo seguían en estado de estupor mirando al cielo y realizando unos sonidos guturales ininteligibles pero que poco a poco comencé a discriminar como hipnos cánticos del Rayo Vallecano Dicha apreciación me incitó a actuar de manera apremiante, puesto que si solamente un Murciano se percataba del contenido de dichos anunciamientos alienantes; nuestra misión se vería completamente fracasada. Al final opté por sacarme la cuca y orinar en los pies de mis compañeros, lo cual les permitió volver a conectar con los parámetros más normalizados de la realidad.
¿Qué ha pasado? ─dijo José─ ¿dónde he estado?¿por qué me has meado?
Ahora da igual ─comencé a exponer─ las respuestas irán surgiendo en el debido tiempo. Resituaos, y simplemente entended que este paréntesis, o lapsus, debe tener alguna explicación racional. Simplemente ahora no es el momento de detenerse, si así sucede, nuestra misión fracasará. Por ello os insto encarecidamente a que recordéis nuestro compartido cometido. Y respecto a lo de la orina; es consabido que en momentos desesperados mear en el pie resuelve toda situación desregularizada; tal es lo que quedó implícito en el imaginario colectivo de nuestra particular generación gracias a el sorpresivo episodio de “Friends” en el que a Joey le picaba una medusa.
No sé si es normal ─reflexionó José─ pero siento que tengo gran capacidad para entender en este momento todos los misterios e inquietudes que puedan ser planteados, siento que he conectado con la raíz más trascendente del problema humano.
No recuerdas dónde has estado, pero todavía preservas la sensación residual resultado de la potente sugestión de la crisis existencial. Y es normal que no hayas sido capaz de salvaguardar la memoria de todo lo acontecido. No debe ser esto motivo de escarnio ni debe retrotraerte a las afrentas del jardín de infancia. Es normal que olvides, tu viaje fue tan intenso que ha resultado ser incontenible para tu conciencia; insoportable para la levedad de tu sistemático discurrir cognitivo, curtido de tal modo en parte por los reforzantes beneficios del fútbol y el azúcar refinado.
lo que dices ─se tocó la frente─ ¿debe hacernos perder el control, la coherencia?¿debo dejar de amar al equipo?
No ─reflexioné dos seguidos con el motivo de hacerme entender de la manera más taxativa posible y pasar página sobre el dichoso e impertinente problema de la alienación espontánea; ya sé yo que adentrarnos en una horda como la del Real Murcia iba a ocasionar de sobremanera un contraste con nuestra identidad social, pero ya los riesgos están asumidos y ahora debemos tirar para alante─ Debemos ser meditativos, observarnos a nosotros mismos con perspectiva y distancia precisa, discernir la solemne verborrea y la acción noble de las quejas subcorticales, primitivas y vulnerantes que puedan surgir en episodios críticos de nuestra vida, pero cuya emergencia debe permitirnos recordar los principios por los que nos movemos; reafirmarnos en el pasado y saber que toda divagación malograda es solo propia de espiritualistas perroflautas y alternativos de poca monda que no quieren pagar los impuestos de los fármacos que mantienen a nuestra prole tranquila.
¡La tesitura!¡el espermatozoide!─se tiró de los pelos─ ¡ese abismal dilema! !el camino de la nada, Pedro!
¡Vas a llamar la atención! ─tuve que optar por propinarle dos guantazos ─ya estás fecundado, José, ¡deja de tocarme las pelotas y vuelve a la realidad!
Es que...
He dicho que ya estás fecundado, dejaste hace muchos años atrás tu forma de vida espermatológica, ¡ahora eres un seguidor del Rayo Vallecano!
Yo...─ José proyectó los ojos al cielo, y los cánticos del colectivo se nos hicieron más notables. Poco a poco condescendimos con una serena y concienzuda toma de tierra. Como ya quedó sabido, fue Leopoldo el único que no pudo salir del inesperado estado catatónico en el que quedó. Pero muy lejos de resultarnos preocupante, obtuvimos José y yo un gratificante desahogo al poder prescindir de sus continuos antojos y poder centrarnos en nuestro objetivo.
Los bramidos y la estridente celebración de los murcianos era lo que seguramente había ocasionado nuestra crisis pasajera. Pero lejos de ahondar en este tema, decidí emplazarlo para otra ocasión. José y yo nos miramos a los ojos, nos cogimos las manos durante contenidos segundos, y sentimos la unívoca necesidad de empezar a llevar a acabo un adecuado escrutinio del colectivo para alcanzar la consecución de nuestro logro. Y sí, no había más opción, era en ese momento o ya no era nunca más. Debíamos hacernos con la identidad real del misterioso afiliado de nuestro equipo natal; Arrugas Melos.
Los siguientes pasos no fueron complicados, todo se desarrolló por sí mismo y cada paso llevó necesariamente al siguiente. La verdad es que no hizo falta profundizar mucho en el espionaje para saber que el carismático Arrugas Melos se hacía llamar Micondo Tretis en el Real Murcia. Dado que en la celebración de la victoria, en un sector más conservador de la horda de seguidores, todos los viejos y viejas, niños y preñadas rezaban alrededor de la escultura que representaba nuestro objeto de búsqueda. La escultura estaba hecha de plata, con sumo detalle y perfeccionismo, y alzaba una de sus manos mirando al cielo con unos ojos entreabiertos que le glorificaban mientras ascendía a una especie de nirvana. De su boca salía un fino bocadillo, también logrado con plata, del cual podía leerse la frase, efectuada con incisiones seguramente antes de que la plata quedara completamente enfriada; “acho que calor”. Según nos informó un hombre semiposeído por la plegaria colectiva, que se encontraba de rodillas llorando y bebiendo calimocho, el llamado Micondo Tretis había ejercido de guía de las almas perdidas y que todos lo que allí se encontraban vivían, hasta su aparición, malamente en la intemperie.
Él nos inculcó con sutileza y retórica las reconfortantes ventajas del fanatismo. Nos explicó las reglas del deporte futbolístico y nos enseño lo que es un fuera de juego, el significado de la palabra árbitro, y la verdad, poco más.
¿Por eso lo veneráis de ese modo? ─le dije movido por una curiosidad innata.
No necesitarías enseñarle a un fumeta las propiedades del cannabis, ¿verdad?. Puede, en todo caso, que él lo busque por aburrimiento o inducido por una hipotonía que le impida levantarse de la cama, pero que despierte la curiosidad de usar el ordenador que habita en su lecho como la jeringuilla de un diabético. Pero aquí, en este club, nunca jamás nos aburrimos.
Andrés ─me susurró Jorge─ ha dicho diabético.
Lo sé, pero no es momento de hablar sobre la etimología de la palabra. Aunque, pensándolo bien, pudiera ser que en un momento desesperado, criticar la constitución de la diabetes a través de una inducción planetaria procurada por una conspiración del País Vasco, y más concretamente el Betis, sería una oportunidad perfecta para estimular con los murcianos una confianza que pueda ponerse en entredicho, y ya de paso endosar a esos malditos cerdos del Betis un buen hostigamiento del que no tengan ya valor de desquitarse. Pero no quisiera adelantar acontecimientos, José
¿De qué habláis? ─el calimochero nos miró estupefacto, y a la vez distraído, impelido por un rítmico son al que los seguidores coreaban frente a la escultura de Micondo Tretris.

8-4-14