Después de tanto tiempo
silenciado y apartado
disimulando tus latidos
escondidos en la frente.
Después de tanto tiempo
brotas espontáneo,
como un primer llanto
desde un dolor sutil.
Después de tanto tiempo
amaneciste acurrucado,
desarropando la carcoma
acumulada en tus historias.
Después de tanto silencio,
como un gélido dedo
que toca lo invisible,
que estremece
con dulzura.
Cierra los ojos y hacia dentro.
Los sismos no hacen daño,
los gatos acarician,
los techos llueven y
emblandecen las rocas
que sigilosas
secan su memoria.
Cierra los ojos tanto tiempo
como haga falta a tus manos
para descifrar los susurros
que se mecen con candor,
para aligerar las grietas
de los falsos fondos,
para capitular
la mentira...
...después de tanto tiempo...
2 de Mayo.
(Tras el llanto)
domingo, 3 de mayo de 2020
viernes, 24 de abril de 2020
Delirios evolucionistas
No estamos hechos de una sola dimensión. y no hace falta que elevemos la declaración a un plano metafísico. Nuestro organismo se lleva desarrollando demasiado tiempo y su complejidad y precisión milimétricas han sido programadas mediante un linaje depuesto en millones de años.
Cada peldaño alcanzado permitía que cada función evolutiva desarrollada se congraciara con su anterior.
Hace mucho éramos una célula procariota que, en un tremendo salto evolutivo, desarrolló unas pequeñas aletas para navegar más rápido en el medio. Nuestras membranas aprendieron a detectar la luz, y reforzar con ello, la supervivencia de aquellas células que, con dicha habilidad, se acercaran a dicha luz... calurosa, radiante de energía y marcador de alimento.
Son infinitos, complejos, paralelos y cruzados los recursos que adquirimos y que, como el color de un caleidoscopio, siempre han estado virando a la vez que nosotros caminábamos ajenos ante el vértigo de existir. Nos modificamos. Los habitantes del medio y los retos cambian. El tiempo pasa impasible, aunque siempre relativo.
Y vino nuestra diversificación en lo que llamamos especies, y toda esa expansión de billones de células interconectadas en un mismo ser, coordinadas por sus órganos. Unos encargados de captar oxígeno, otros de procesar nutrientes, otros de asumir la función de desplazar toda la maquinaria (que nos moviéramos) y otros de captar y elaborar los estímulos externos, convertirlos en señales que en su conjunto generan sentidos y que en última instancia nos otorga una experiencia calmada, unánime, coherente y a veces bella, ante todo el flujo caótico e infinito de sucesos.
Y aquí estamos ahora. Escribiendo compendios algo diluidos, declarando la testificación de esta, en parte, retórica condición de ser mucho y de ser nada.
Si observamos nuestro cerebro veremos irregularidades en las áreas mas primitivas. También veremos patrones más regulares en las áreas más novedosas (corteza). Para entender un poco lo que hay en nuestra sien (y con ello cómo percibimos y entendemos el mundo) hay que entender que ésta es el cúmulo de los recursos gestados hacía miles y millones de años. Dichos recursos conviven entrelazados con los procesos más superiores. Allá donde se atribuye nuestra estimada deliberación, tan sobrevalorada tanto en cuanto somos ciegos al resto. Ese resto inmanente al organismo, primario, troncal, y apremiante a la hora de movilizar nuestros recursos.
Como Ignacio Morgado dice, no existe un "cerebro antiguo" y "uno nuevo", la teoría de los tres cerebros "reptiliano, emociona y racional" se reconoce como limitada. Todas las funciones conviven en una misma habitación y como los muebles viejos y nuevos de una casa, se combinan para crear algo, estética y funcionalmente, nuevo.
Somo nosotros los que limitamos, y delimitamos con nuestra percepción, las áreas que lo componen como si fueran impermeables y locales. Del mismo modo, clasificamos lo que es una emoción, una creencia, un rasgo adquirido o aprendido. Y así con todo. Lo creemos todo simple. Nada existe.
Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que todo convive en el mismo caldo.
En casi todas las disciplinas están surgiendo puentes entre las áreas contrapuestas (la epigenética tiende puentes entre el determinismo biológico y el aprendizaje social). Cuando decimos que la emoción está separada de la razón estamos leyendo erróneamente nuestra naturaleza porque todas esas áreas primarias (límbicas), las más antiguas del resto del cerebro, están en interacción constante con las áreas superiores. Su activación está condicionada por el conjunto restante, y al revés. No se ve el bosque, nunca podemos verlo.
Su encaje en el total del cerebro es resultado del acoplamiento, moldeado e interactivo, de las áreas a lo largo de nuestra evolución. Sin la emoción, sin el miedo, sin ansiedad.... No somos nada. Porque dichos recursos son incluso más vitales que nuestros pensamientos. Literalmente, se activan más rápido y dicha activación repercute en unas consecuencias en el organismo más intensas y globales. Su dominio es difícilmente truncable, más cuando se niega desde su importancia e influencia en nuestro comportamiento del día a día, hasta las implicaciones que tiene en los supuestos de nuestra existencia fenomenológica.
semana del 20 al 25 de Abril de 2020.
Cada peldaño alcanzado permitía que cada función evolutiva desarrollada se congraciara con su anterior.
Hace mucho éramos una célula procariota que, en un tremendo salto evolutivo, desarrolló unas pequeñas aletas para navegar más rápido en el medio. Nuestras membranas aprendieron a detectar la luz, y reforzar con ello, la supervivencia de aquellas células que, con dicha habilidad, se acercaran a dicha luz... calurosa, radiante de energía y marcador de alimento.
Son infinitos, complejos, paralelos y cruzados los recursos que adquirimos y que, como el color de un caleidoscopio, siempre han estado virando a la vez que nosotros caminábamos ajenos ante el vértigo de existir. Nos modificamos. Los habitantes del medio y los retos cambian. El tiempo pasa impasible, aunque siempre relativo.
Y vino nuestra diversificación en lo que llamamos especies, y toda esa expansión de billones de células interconectadas en un mismo ser, coordinadas por sus órganos. Unos encargados de captar oxígeno, otros de procesar nutrientes, otros de asumir la función de desplazar toda la maquinaria (que nos moviéramos) y otros de captar y elaborar los estímulos externos, convertirlos en señales que en su conjunto generan sentidos y que en última instancia nos otorga una experiencia calmada, unánime, coherente y a veces bella, ante todo el flujo caótico e infinito de sucesos.
Y aquí estamos ahora. Escribiendo compendios algo diluidos, declarando la testificación de esta, en parte, retórica condición de ser mucho y de ser nada.
Si observamos nuestro cerebro veremos irregularidades en las áreas mas primitivas. También veremos patrones más regulares en las áreas más novedosas (corteza). Para entender un poco lo que hay en nuestra sien (y con ello cómo percibimos y entendemos el mundo) hay que entender que ésta es el cúmulo de los recursos gestados hacía miles y millones de años. Dichos recursos conviven entrelazados con los procesos más superiores. Allá donde se atribuye nuestra estimada deliberación, tan sobrevalorada tanto en cuanto somos ciegos al resto. Ese resto inmanente al organismo, primario, troncal, y apremiante a la hora de movilizar nuestros recursos.
Como Ignacio Morgado dice, no existe un "cerebro antiguo" y "uno nuevo", la teoría de los tres cerebros "reptiliano, emociona y racional" se reconoce como limitada. Todas las funciones conviven en una misma habitación y como los muebles viejos y nuevos de una casa, se combinan para crear algo, estética y funcionalmente, nuevo.
Somo nosotros los que limitamos, y delimitamos con nuestra percepción, las áreas que lo componen como si fueran impermeables y locales. Del mismo modo, clasificamos lo que es una emoción, una creencia, un rasgo adquirido o aprendido. Y así con todo. Lo creemos todo simple. Nada existe.
Sin embargo, cada vez estoy más convencido de que todo convive en el mismo caldo.
En casi todas las disciplinas están surgiendo puentes entre las áreas contrapuestas (la epigenética tiende puentes entre el determinismo biológico y el aprendizaje social). Cuando decimos que la emoción está separada de la razón estamos leyendo erróneamente nuestra naturaleza porque todas esas áreas primarias (límbicas), las más antiguas del resto del cerebro, están en interacción constante con las áreas superiores. Su activación está condicionada por el conjunto restante, y al revés. No se ve el bosque, nunca podemos verlo.
Su encaje en el total del cerebro es resultado del acoplamiento, moldeado e interactivo, de las áreas a lo largo de nuestra evolución. Sin la emoción, sin el miedo, sin ansiedad.... No somos nada. Porque dichos recursos son incluso más vitales que nuestros pensamientos. Literalmente, se activan más rápido y dicha activación repercute en unas consecuencias en el organismo más intensas y globales. Su dominio es difícilmente truncable, más cuando se niega desde su importancia e influencia en nuestro comportamiento del día a día, hasta las implicaciones que tiene en los supuestos de nuestra existencia fenomenológica.
semana del 20 al 25 de Abril de 2020.
martes, 31 de marzo de 2020
UN ESPEJISMO ENTRENADO
El placer palpita con disimulo en las discontinuas áreas de mi piel,
se hace ver en el ensoñado y sutil rubor de mi pecho.
-Una silenciosa tela blanca desprendiéndose de mis manos
y posando en el portal húmedo y salvaje
de unos pies descalzos-.
Un recuerdo demasiado lejano.
Una flecha oscura traspasa mi carne con suavidad,
deja sus manchas negras y bellas
esparcidas en sus roturas.
Las heridas y su belleza
atribuible a lo imperfecto,
a la común idiosincrasia de lo insólito.
Un síndrome de abstinencia,
un ligero confort de dolor,
una sonrisa inclinada
ante la penuria.
El son de lo que no tiene nombre
se descubre al reiterar
la vacua y sutil caricia
que se evoca
de los tiempos perdidos,
de los anhelos soterrados,
del ímpetu que descansa
en ser testigo del sonido.
Y, aunque algún día puede brotarme un vínculo
entre la congelada claridad del pasado
y su futuro imperfecto,
La vida me parecerá casi siempre un espejismo entrenado,
en el que fugazmente se olvidan nuestras convicciones,
y también lo convencidos que estábamos.
La vida extinguirá,
de convulsión en convulsión (como una danza),
todos mis placeres y mis dolores,
y también sus relatos.
1-4-2020
se hace ver en el ensoñado y sutil rubor de mi pecho.
-Una silenciosa tela blanca desprendiéndose de mis manos
y posando en el portal húmedo y salvaje
de unos pies descalzos-.
Un recuerdo demasiado lejano.
Una flecha oscura traspasa mi carne con suavidad,
deja sus manchas negras y bellas
esparcidas en sus roturas.
Las heridas y su belleza
atribuible a lo imperfecto,
a la común idiosincrasia de lo insólito.
Un síndrome de abstinencia,
un ligero confort de dolor,
una sonrisa inclinada
ante la penuria.
El son de lo que no tiene nombre
se descubre al reiterar
la vacua y sutil caricia
que se evoca
de los tiempos perdidos,
de los anhelos soterrados,
del ímpetu que descansa
en ser testigo del sonido.
Y, aunque algún día puede brotarme un vínculo
entre la congelada claridad del pasado
y su futuro imperfecto,
La vida me parecerá casi siempre un espejismo entrenado,
en el que fugazmente se olvidan nuestras convicciones,
y también lo convencidos que estábamos.
La vida extinguirá,
de convulsión en convulsión (como una danza),
todos mis placeres y mis dolores,
y también sus relatos.
1-4-2020
martes, 31 de diciembre de 2019
Vuelvo
Un paisaje de esqueletos rescatados,
un peine gris que atempera mi piel,
una posición ciega y sin movimiento,
el vacuo estertor de los muebles viejos.
polvo estancado,
brisas silentes,
caricias fantasmagóricas.
Un desprecio herrumbroso,
un tiempo sin cuento,
un cuento sin comienzo.
Un llaga benigna pero muda
que recubre los reclamos,
que suprime los cortejos
y da voz a lo olvidado.
Una extraña sensación,
de anhelo disconforme,
de líquido sólido
y cambio estancado.
Un espejo en la lejanía,
que muestra los antiguos reflejos
de una sutil angustia
resucitada.
31 de Diciembre de 2019
un peine gris que atempera mi piel,
una posición ciega y sin movimiento,
el vacuo estertor de los muebles viejos.
polvo estancado,
brisas silentes,
caricias fantasmagóricas.
Un desprecio herrumbroso,
un tiempo sin cuento,
un cuento sin comienzo.
Un llaga benigna pero muda
que recubre los reclamos,
que suprime los cortejos
y da voz a lo olvidado.
Una extraña sensación,
de anhelo disconforme,
de líquido sólido
y cambio estancado.
Un espejo en la lejanía,
que muestra los antiguos reflejos
de una sutil angustia
resucitada.
31 de Diciembre de 2019
domingo, 1 de diciembre de 2019
Carta a la alegría
Sé que últimamente tenemos una relación bastante asidua,
aunque con cierta eventualidad parece que nuestra fluidez
puede llegar a ponerse en entredicho.
Tu ocupación en mi reciente espectro vital es resultado
de una mayor consciencia y regulación de los aspectos y condiciones
que nos conectan de manera más fiel conmigo.
En ocasiones anteriores has podido ser distorsionada por la euforia,
que engatusadora y evitativa en ciertos episodios,
ha pretendido destronar a la tristeza.
Alegría, no eres constante porque no eres célebre,
tu presencia es ecuánime porque es reflejo de lo importante.
Nuestro hilo es inmpernne aunque a veces pueda parece invisible.
Atentamente, yo mismo.
23-11-19
aunque con cierta eventualidad parece que nuestra fluidez
puede llegar a ponerse en entredicho.
Tu ocupación en mi reciente espectro vital es resultado
de una mayor consciencia y regulación de los aspectos y condiciones
que nos conectan de manera más fiel conmigo.
En ocasiones anteriores has podido ser distorsionada por la euforia,
que engatusadora y evitativa en ciertos episodios,
ha pretendido destronar a la tristeza.
Alegría, no eres constante porque no eres célebre,
tu presencia es ecuánime porque es reflejo de lo importante.
Nuestro hilo es inmpernne aunque a veces pueda parece invisible.
Atentamente, yo mismo.
23-11-19
sábado, 16 de noviembre de 2019
Desde la salvaje amnesia
Desprovisto de valores esbeltados y cristalinos,
se descubre la imperenne fuerza de la naturaleza,
con su habitual disimulo
de hierbas hundidas en el pecho
y ataviados cortejos de la mentira.
Como una enredadera súbita, esculpe tu cuerpo
con insolemne anonimato,
destripando el rostro,
la idiosincrasia de tus pupilas y desfigurando
las cuadriculadas marcas de tu misión,
que es maquetada y despuesta por ambiciones descolchadas
sobre el cuerpo de los ignorantes.
La fuerza se alimenta de pretextos para levantarte
ante insignias costumbristas con fé,
Mi testificación me sitúa al margen,
cotejando, maniatado, el paso del tiempo
y la repetida historia de histéricos
que vivimos una y otra vez
desde la salvaje y sutil amnesia.
16-11-2019
se descubre la imperenne fuerza de la naturaleza,
con su habitual disimulo
de hierbas hundidas en el pecho
y ataviados cortejos de la mentira.
Como una enredadera súbita, esculpe tu cuerpo
con insolemne anonimato,
destripando el rostro,
la idiosincrasia de tus pupilas y desfigurando
las cuadriculadas marcas de tu misión,
que es maquetada y despuesta por ambiciones descolchadas
sobre el cuerpo de los ignorantes.
La fuerza se alimenta de pretextos para levantarte
ante insignias costumbristas con fé,
Mi testificación me sitúa al margen,
cotejando, maniatado, el paso del tiempo
y la repetida historia de histéricos
que vivimos una y otra vez
desde la salvaje y sutil amnesia.
16-11-2019
viernes, 30 de agosto de 2019
Refugio
Una burbuja de metal eclosiona con un "pop" discreto,
barrunta la red de las palabras,
agria la traquea,
seca los oídos,
transforma los brazos en cera en proceso de secarse,
los susurros retumban,
como si el sonido perteneciera
a otro tiempo.
Tras la burbuja, no queda nada,
tras esta acumulación de barro acelerado
y de ligera agonía incatalogable.
¿Cual es esa posición destemplada
donde me ha llevado?
Aquí hay carriles negados,
ilusiones cuestionadas,
instrumentos desolados sin dueño
que contemplan el ligero tránsito del polvo.
La agonía sin nombre tiene una manera peculiar de torturar,
marca su presencia con un martilleo sordo que se cuela entre risas ordinarias,
y que solo puedes justificar como un ocasional desinfle del ánimo,
por no echar gasolina al drama.
Aunque con estas palabras,
un timbre desconocido y vehemente
marca su presencia en mí.
Parece novedoso,
pero lo noto como si siempre hubiera estado.
Es un enfado tosco, pero fondeado más allá de las cortezas que puedo describir.
Es resentido, radical, prevenido y esta ataviado de grandes resortes para sobrevivir.
Sabe que puede tocar con su mano
mis paredes blancas
y teñir las vivencias, de anécdotas congeladas.
puede deponer mi misión en una viñeta, tras otras,
tras otra...
No llora, no se lamenta,
no induce terror.
Solo agarra,
anulando las pupilas,
haciéndote recordar lo que nunca olvidas.
En su refugio hay hastío,
pero no hay pérdida,
hay dureza, pero
(tras un rato sin luz) hay algo parecido
a serenidad.
No hay formas
y así
nada se cuestiona.
No hay conductores porque las ilusiones,
se desvanecen
al rato de nacer.
Es el acomodaticio espacio que a veces se descubre
al estallar la burbuja,
esa frente anestesiada hace presencia de súbito,
desfloreciendo los motivos que encontré para seguir... un camino.
Me regreso, sin pelo, a este refugio,
donde, acurrucado sobre mi mismo,
lo inmediato pasa a ser un recuerdo
y, lo que acontece, un estertor lejano.
Aparece para vestirme de nuevo
y recordarme (como tantas veces)
que si la historia brilla puedo ceder a la invidencia,
que todo puede ser y no ser,
que yo elijo:
qué entra, qué sale, qué se queda.
Me recuerda (como tantas veces)
que ante el ruido agudo de los sucesos pasar,
que ante el crecer masificado de un tallo,
y que ante la irrisoria ilusión por los proyectados días,
solo hay un chispazo.
Y un después.
Y nada.
31/08/2019 - Francisco Andreu
barrunta la red de las palabras,
agria la traquea,
seca los oídos,
transforma los brazos en cera en proceso de secarse,
los susurros retumban,
como si el sonido perteneciera
a otro tiempo.
Tras la burbuja, no queda nada,
tras esta acumulación de barro acelerado
y de ligera agonía incatalogable.
¿Cual es esa posición destemplada
donde me ha llevado?
Aquí hay carriles negados,
ilusiones cuestionadas,
instrumentos desolados sin dueño
que contemplan el ligero tránsito del polvo.
La agonía sin nombre tiene una manera peculiar de torturar,
marca su presencia con un martilleo sordo que se cuela entre risas ordinarias,
y que solo puedes justificar como un ocasional desinfle del ánimo,
por no echar gasolina al drama.
Aunque con estas palabras,
un timbre desconocido y vehemente
marca su presencia en mí.
Parece novedoso,
pero lo noto como si siempre hubiera estado.
Es un enfado tosco, pero fondeado más allá de las cortezas que puedo describir.
Es resentido, radical, prevenido y esta ataviado de grandes resortes para sobrevivir.
Sabe que puede tocar con su mano
mis paredes blancas
y teñir las vivencias, de anécdotas congeladas.
puede deponer mi misión en una viñeta, tras otras,
tras otra...
No llora, no se lamenta,
no induce terror.
Solo agarra,
anulando las pupilas,
haciéndote recordar lo que nunca olvidas.
En su refugio hay hastío,
pero no hay pérdida,
hay dureza, pero
(tras un rato sin luz) hay algo parecido
a serenidad.
No hay formas
y así
nada se cuestiona.
No hay conductores porque las ilusiones,
se desvanecen
al rato de nacer.
Es el acomodaticio espacio que a veces se descubre
al estallar la burbuja,
esa frente anestesiada hace presencia de súbito,
desfloreciendo los motivos que encontré para seguir... un camino.
Me regreso, sin pelo, a este refugio,
donde, acurrucado sobre mi mismo,
lo inmediato pasa a ser un recuerdo
y, lo que acontece, un estertor lejano.
Aparece para vestirme de nuevo
y recordarme (como tantas veces)
que si la historia brilla puedo ceder a la invidencia,
que todo puede ser y no ser,
que yo elijo:
qué entra, qué sale, qué se queda.
Me recuerda (como tantas veces)
que ante el ruido agudo de los sucesos pasar,
que ante el crecer masificado de un tallo,
y que ante la irrisoria ilusión por los proyectados días,
solo hay un chispazo.
Y un después.
Y nada.
31/08/2019 - Francisco Andreu
domingo, 14 de abril de 2019
El tiempo dibuja...
el tiempo dibuja su experiencia
remarcando las ásperas honduras
de los ciclos,
hondando en la arena,
donde enterramos
las pasiones,
que el resto de la vida,
nos ocupamos de rescatar.
Pero el tiempo,
también consolida lo importante,
desplaza al fracaso
desde una oportunidad perdida,
hasta la resoluta agudeza
de los ojos renovados.
El tiempo es grave y agudo,
se somete a la danza
de lo pobre y lo abundante.
El tiempo también despierta
el agudo vértigo
de la proximidad irrevocable
a la extinción de la historia
y a la abundancia inherente
de ser pequeño.
5/4/19
remarcando las ásperas honduras
de los ciclos,
hondando en la arena,
donde enterramos
las pasiones,
que el resto de la vida,
nos ocupamos de rescatar.
Pero el tiempo,
también consolida lo importante,
desplaza al fracaso
desde una oportunidad perdida,
hasta la resoluta agudeza
de los ojos renovados.
El tiempo es grave y agudo,
se somete a la danza
de lo pobre y lo abundante.
El tiempo también despierta
el agudo vértigo
de la proximidad irrevocable
a la extinción de la historia
y a la abundancia inherente
de ser pequeño.
5/4/19
sábado, 30 de marzo de 2019
Fantasmas livianos
Las muestras del dolor tiemblan,
como la superficie del agua
cuando se interrumpe la quietud.
las grietas del pecho filtran
las lágrimas desecas,
desvelan las punzadas
de las cicatrices olvidadas,
que renuevan su peso
en heridas recientes.
Un fantasma endeble emerge,
proclamado como mártir
de sus propios huesos.
un fantasma endeble,
entregado llano y humilde
a la relectura de su historia.
Historia,
que una y otra vez
se contrae
impaciente,
esperando reversionarse
en cada segundo.
Como un cuello sin aire,
un corazón sin apoyo,
una soledad sin nombre.
Los fantasmas obnubilan,
agarran las zonas áridas,
diluyen tu pecho en el suelo,
hermetizan las burbujas,
engrosan el aliento,
enuncian una proposición
que nunca se resuelve.
Los fantasmas rescatan preguntas
sobre axiomas olvidados,
renuevan los húmedos cuencos,
permiten el llanto discurrir
libre de hilos y tiempo.
Los fantasmas pesan
porque se mueven livianos
sobre horizontes
que ya se conocieron.
30-03-19
como la superficie del agua
cuando se interrumpe la quietud.
las grietas del pecho filtran
las lágrimas desecas,
desvelan las punzadas
de las cicatrices olvidadas,
que renuevan su peso
en heridas recientes.
Un fantasma endeble emerge,
proclamado como mártir
de sus propios huesos.
un fantasma endeble,
entregado llano y humilde
a la relectura de su historia.
Historia,
que una y otra vez
se contrae
impaciente,
esperando reversionarse
en cada segundo.
Como un cuello sin aire,
un corazón sin apoyo,
una soledad sin nombre.
Los fantasmas obnubilan,
agarran las zonas áridas,
diluyen tu pecho en el suelo,
hermetizan las burbujas,
engrosan el aliento,
enuncian una proposición
que nunca se resuelve.
Los fantasmas rescatan preguntas
sobre axiomas olvidados,
renuevan los húmedos cuencos,
permiten el llanto discurrir
libre de hilos y tiempo.
Los fantasmas pesan
porque se mueven livianos
sobre horizontes
que ya se conocieron.
30-03-19
sábado, 23 de febrero de 2019
El desprendido cortijo del afecto
De repente, todo se vislumbra como un ciclo infinito
donde me entrego incondicional
al sabor amargo del error,
a su desapercibida sombra.
a su desapercibida sombra.
Cristales finos que aparecieron, repentinos,
en el trayecto que creías impoluto.
Trascendentes palabras que reflejaban, contumaces,
la firme resolución de mi afecto.
¿En qué momento la soledad corrió ecuánime de la mano de la
norma?
Pero…
…no hay nada malo en ello.
La consciencia precaria también sabe danzar.
Los que acompasan los féretros también pueden sonreír
ante el
tacto de la madera.
El referente del paraíso es malo cuando colapso y fijo la
mirada
en un trasfondo congelado,
en el hondo subsuelo de mareas
donde avanzan los grandes pasos.
Donde yo
no estoy...
Donde yo
no estoy...
Lo dejo…
…dejo que asome ese dibujo amarillo,
que recubra de azúcar las ensoñaciones
y los humildes trámites.
Dejo que asome con presencia y sin nostalgia,
emblandeciendo como cera, las endebles máscaras del día a día,
que, irrelevantes y sin juicio,
se me deshacen en las manos.
Dejo que asome la potencia del afecto
y que sus olvidados ojos se entreabran.
Lo escucho caminar, sin meta,
y que sus olvidados ojos se entreabran.
Lo escucho caminar, sin meta,
pero siempre en recorrido,
mientras lidia con el recuerdo
y la sorpresa.
mientras lidia con el recuerdo
y la sorpresa.
23/02/19
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